Chihuahua, Chih.
La violencia del narcotráfico que ha puesto en jaque al Estado mexicano desde hace décadas, no se muestra como una sola masa de hechos criminales. Es una violencia que se ha ejercido por regiones, segmentos poblacionales, sectores económicos y profesionales. Estamos hablando de una violencia que requiere ser analizada haciendo cortes, tal como lo hace Alberto Colin Huizar en el libro “Ser maestro en los márgenes. Trabajo docente y violencia criminal en la Tierra Caliente de Michoacán” (2024).
La violencia criminal en México opera de forma segmentada y estratificada, afectando a profesiones como los abogados [“Silencio y desprotección: van 168 abogados asesinados desde 2020”, El Universal, 23 de septiembre de 2025], los doctores [“Médicos enfrentan crimen y persecución en comunidades alejadas en México”, Milenio, 20 de mayo de 2022], los funcionarios públicos [“En 9 años, 106 alcaldes han sido asesinados en México”, La Verdad Juárez, 4 de noviembre de 2025] y los(las) trabajadores(as) de la educación.
Para indagar a profundidad los efectos de esta violencia se requiere hacer cortes analíticos. La investigación de Colin Huizar realiza un corte profundo y meticuloso para analizar la violencia criminal que nos agobia. Es el corte de un bisturí que segmenta y estratifica esta violencia, mientras identifica:
- Unos sujetos subalternos afectados por la violencia del narcotráfico: los(las) maestros(as).
- Una institución que ha sido asediada por el crimen organizado y abandonada por el Estado: la escuela.
- Una región del país que ha sido golpeada por la violencia durante dos décadas: la Tierra Caliente de Michoacán.
La avalancha de cifras de los asesinados, los desaparecidos y los desplazados del crimen organizado, que cuantifican la violencia criminal, son un avistamiento global y periférico. Los datos estadísticos no profundizan sobre los acontecimientos que resultan dolorosos para muchos(as), no narran los detalles de una violencia que afecta las vidas de forma determinante, no se detienen en las afectaciones personales, familiares o gremiales. Las cifras de la violencia en México son frías, distantes y calculadoras, e incluso pueden ser manipuladas por los(las) políticos(as) y las instituciones gubernamentales.
Los efectos del narcotráfico no solo se manifiestan en cifras, también se muestran en historias que se acumulan y permiten observar un horizonte de vida que se oscurece. El libro “Ser maestro en los márgenes” plantea la necesidad de pasar de las cifras generalizantes a las narraciones profundas de la violencia criminal. Este libro asume un viraje que va de lo cuantitativo a lo cualitativo. Los análisis se vuelven específicos y se registran en narrativas que se detienen en los hechos de la violencia generada por el crimen organizado.
En los capítulos tercero y cuarto, el libro profundiza sobre las narrativas de la violencia que han afectado de manera sustantiva a la profesión docente y la vida escolar en Michoacán. Los efectos de la violencia son narrados desde una perspectiva etnográfica, elaborada desde el campo de saber de la antropología. En su formación profesional, el autor del libro cursó la licenciatura en Antropología Social en la Universidad Autónoma Metropolitana–Iztapalapa. El lente antropológico a partir del cual se analiza el problema investigado, está relacionado con la formación académica del autor en sus primeros estudios universitarios.
Las formas de ser de la violencia del narco, el “ethos” de esta violencia, afectan las formas de ser de la profesión docente, el “ethos” de la docencia.
Esta es la idea central del libro, que es abordada desde una perspectiva social y antropológica, que hace intersección con la labor pedagógica de los(las) maestros(as). Se trata de un trabajo de investigación con un enfoque transdisciplinar que camina entre los territorios de saber de las ciencias sociales y las humanidades.
En términos teóricos y metodológicos, el libro tiene una fundamentación poscolonial.
En el primer capítulo, el trabajo de investigación está fundamentado en los aportes del antropólogo hindú, Akhil Gupta, quien al estudiar el estado desde una perspectiva poscolonial recomienda recuperar y analizar la información publicada en la prensa nacional y regional (“Fronteras borrosas: el discurso de la corrupción, la cultura política y el estado imaginado”, en: “Antropología del estado”, FCE, 2015, pp. 71-144).
Durante el primer capítulo, Colin Huizar recupera y procesa un cúmulo de datos periodísticos e informes sobre la violencia criminal que ha afectado la docencia y la vida escolar.
A lo largo del libro el autor recurre a una variedad de técnicas de investigación y de textos, para analizar por ejemplo, el desplazamiento forzado en el Valle de Apatzingán, Michoacán. Al investigar los mecanismos del desplazamiento forzado, el autor se apoya en diversos textos (Ibidem., pp. 219-244):
- Las notas periodísticas de diversos medios nacionales, entre los que se identifica el portal de Animal Político.
- Un informe de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos.
- Una entrevista a un informante clave, el profesor Gamaliel Guzmán, quien fue dirigente de la Sección XVIII de la CNTE.
- Un narcocorrido titulado “Sierra michoacana”, que contextualiza la violencia en Tepalcatepec, cuna de las autodefensas y territorio que se caracteriza por el desplazamiento forzado.
- Múltiples entrevistas a maestros desplazados, entre las cuales destaca la realizada al maestro Jacobo, un docente de Telesecundaria, músico y compositor, que fue fundador de las Autodefensas, y que fue desplazado de la comunidad de Tepalcatepec a Morelia.
Haciendo uso de una diversidad de textos y voces que robustecen la información empírica de la investigación, los datos recabados son concebidos como una “caja de herramientas etnográfica” (Ibidem., pp. 48), que es usada para analizar la violencia del crimen organizado en la región de la Tierra Caliente, y sus efectos sobre la labor docente y la vida escolar.
En el segundo capítulo del libro se asume también una postura poscolonial que se fundamenta en la “antropología de los márgenes” (Das y Poole, 2008, “El estado y sus márgenes. Etnografías comparadas”, en: “Cuadernos de antropología social”). En términos conceptuales, el título del libro “Ser maestro en los márgenes”, se desprende de la “antropología de los márgenes”. Desde esta perspectiva teórica se abre un debate sobre las maneras de conceptualizar al “estado”, en un momento en el que la presencia de la violencia criminal se ha vuelto sistemática en amplias regiones del país.
Colin Huizar rechaza la postura que concibe a México como un “estado fallido”, la cual se ha vuelto común en el análisis político. México no es un “estado fallido”, sino que es un estado cuyos márgenes se han vuelto borrosos. No quedan claros los límites que se establecen entre lo legal y lo ilegal, lo público y lo privado que se confunden en la acción del crimen organizado, la centralidad de un gobierno (federal o estatal) y la condición periférica de una región como la Tierra Caliente, que sigue siendo asediada por el narcotráfico.
En esos límites que se vuelven borrosos, los(las) maestros(as) actúan desde los márgenes, abandonados por el estado, sujetos de una violencia que reconfigura la docencia, atrapados por los efectos de una colonialidad capitalista donde el crimen organizado se ha empoderado sobremanera. El concepto de “los márgenes” es una metáfora interpretativa que echa luz sobre la precariedad en la está atrapada la profesión docente, y que permite observar a detalle las condiciones también precarizadas bajo las cuales funcionan las escuelas en un contexto caracterizado por la violencia criminal y el desdibujamiento del estado.
A lo largo del libro aparecen testimonios de maestros(as) que para llegar a la escuela deben pasar los retenes del narcotráfico. Maestros(as) que fueron levantados por equivocación. Maestros(as) que hincados(as) sobre el piso, tuvieron un arma apuntando sobre su cabeza. Maestros(as) desplazados, que resisten, que siguen resistiendo, desde unos márgenes a partir de los cuales la profesión docente y la vida escolar se reinventan, más allá de las posibilidades de intervención de un estado cuya hegemonía ha sido trastocada por el crimen organizado.