Feliz 2023
Es más escan­da­loso no saber amar

Es más escan­da­loso no saber amar 27 de noviembre de 2022

Alfredo Espinosa

Chihuahua, Chih.

La feli­ci­dad no es un buen tema para las can­cio­nes que tu alma elige. 

Las his­to­rias amo­ro­sas nece­si­tan ingre­dien­tes de riesgo y aven­tura. 

Víc­tor Hugo solía decir que las cade­nas del matri­mo­nio son harto pesa­das y que por eso con­ven­dría car­gar­las entre tres. Las muje­res de hoy segu­ra­mente le res­pon­de­rían: “Sí, Víc­tor Hugo, tie­nes razón, pero ase­gú­rate que la ter­cera per­sona sea un hom­bre joven y fuerte”.

Los aman­tes van en busca de un poco de cielo, de alguna nube, y aun­que entren a un campo de bata­lla, ellos lle­gan toma­dos de la mano, besán­dose, enre­dando sus almas en un apa­sio­nado cuerpo a cuerpo. 

Igno­ran que el amor es una cria­tura que se arras­tra como las ser­pien­tes y que tienta como los dio­ses; que su his­to­ria es sen­ci­lla y corta y sucede entre una son­risa y la muerte; que escribe sus memo­rias sobre vie­jas par­ti­tu­ras, con besos y arru­ma­cos, pero tam­bién con la san­gre de las nue­vas des­di­chas.

Los aman­tes van en busca de un poco de cielo, de alguna nube, y aun­que entren a un campo de bata­lla, ellos lle­gan toma­dos de la mano, besán­dose, enre­dando sus almas en un apa­sio­nado cuerpo a cuerpo. 

El amor es un sen­ti­miento que carece de defi­ni­ción. Es una pala­bra que sugiere penum­bra y nie­bla, azar y azoro, metá­fora y can­ción. 

Es un sen­ti­miento que con­voca a todas las emo­cio­nes y las amo­tina en el cora­zón, y lejos de acla­rarse en esos terri­to­rios ahí se vuelve un nudo de con­tra­dic­cio­nes, un nido de enig­mas. 

El amor es al mismo tiempo mara­vi­lloso y ate­rra­dor, es fuego helado o hielo ardiente, pro­voca ale­grías gran­dio­sas pero tam­bién pro­duce hon­das penas; hiere y cura; es pócima de vene­nos leta­les o licor de subli­mes deli­rios. 

El amor revuelve los pen­sa­mien­tos, desata la jau­ría del sexo, sobre­salta el sueño. 

Es una mal­di­ción o una bie­na­ven­tu­ranza.

El amor es un sen­ti­miento que carece de defi­ni­ción. 

Es una pala­bra que sugiere penum­bra y nie­bla, azar y azoro, metá­fora y can­ción. Es un sen­ti­miento que con­voca a todas las emo­cio­nes y las amo­tina en el cora­zón, y lejos de acla­rarse en esos terri­to­rios ahí se vuelve un nudo de con­tra­dic­cio­nes, un nido de enig­mas. 

El amor es al mismo tiempo mara­vi­lloso y ate­rra­dor, es fuego helado o hielo ardiente, pro­voca ale­grías gran­dio­sas pero tam­bién pro­duce hon­das penas; hiere y cura; es pócima de vene­nos leta­les o licor de subli­mes deli­rios. 

El amor surge si dos mira­das se encuen­tran –“dos sabe­res incons­cien­tes que se reco­no­cen” –apunta Jaques Lacan, y se siguen sin que sepan quién sigue a quién ni hacia dónde se dirige uno o el otro. Esa el la única manera de expe­ri­men­tar la liber­tad ajena: soy dis­tinto si otro me mira, y mien­tras más pro­fun­da­mente lo haga, más me pierdo, y al mismo tiempo más voy siendo yo mismo y más me conozco. Siem­pre hay una parte de noso­tros mis­mos en la otra parte, y esa es una razón por la cual la ama­mos.

¡Ah el amor! ¿Lo has vivido? Su cora­zón en mi cora­zón, su ros­tro encar­ce­lado en mi mirada, mi nom­bre dicho por sus labios, su ser que no logro asir con pala­bras y abra­zos pero que ya siento mío, y sin embargo se escu­rre, se extra­vía en mí y con­migo y sin mí.

El amor es un sedante, un anes­té­sico que mitiga los dolo­res de la vida. Esa per­sona se te clava entre ceja y ceja como un clavo ardiente y te ace­lera el cora­zón. Son amo­res que levan­tan los deseos y hume­de­cen las gua­ri­das más secre­tas.

¿Te acuer­das como empieza todo esto? Ya lo he dicho, pero te lo recuerdo: te habías fati­gado, cada vez más te que­ja­bas de la opaca y domés­tica dicha con­yu­gal, habías hecho un alto en el camino, escru­taste el hori­zonte y no per­ci­biste peli­gro alguno; te olvi­daste incluso que esta­bas en la jun­gla y te atre­viste a aban­do­nar tus armas de gue­rrero por un momento; te des­po­jaste de la arma­dura que siem­pre te había pro­te­gido y comen­zaste a sen­tir el aire lim­pio, la llu­via fresca, las cari­cias sua­ves, el agua de los arro­yos cris­ta­li­nos, la yema de sus dedos en tu piel, sus besos como si sabo­rea­ras jugo­sas reba­na­das de san­día, raci­mos de uvas… Quizá te embo­rra­chaste un poco, te dor­miste y soñaste con que la selva se podía orga­ni­zar en dóci­les jar­di­nes y huer­tos domés­ti­cos…

Luego, ya sabes, la besas. Una y otra vez y otra, y una larga sesión de besos comienza. En el len­guaje amo­roso, sus letras más can­den­tes se escri­ben con besos. 

Besos dul­ces, pro­fun­dos, pro­lon­ga­dos. “Dame mil besos –can­taba el poeta vero­nés Catulo- y des­pués dame cien más,/ y otros mil más y des­pués otros cien más,/ y muchos miles hasta que enre­de­mos la suma/ y no sepa­mos cuán­tos besos nos damos/ ni tam­poco los envi­dio­sos lo sepan”. Las len­guas pasean por los labios, se entre­la­zan, se des­li­zan; algo de amor escri­ben las len­guas sobre las len­guas, se extra­vían haciendo el vino y la miel de los amo­res deli­ran­tes. Con besos se abren las for­ta­le­zas sella­das, se derrum­ban los muros, se encien­den los fue­gos. Con besos así, dos se siente uno, res­pi­ran el mismo aire, beben agua del pozo de la otra boca.

Luego la muer­des un poco, res­ba­las las manos por su geo­gra­fía y tocas sus cum­bres y sus hon­do­na­das, y su aliento se pone calien­tito cerca de tu oreja y sien­tes que se hun­den sus uñas en tu espalda, la des­nu­das lenta o fre­né­ti­ca­mente, y libre ya a tu escru­ti­nio y con­tem­pla­ción, pla­giando unos ver­sos de Jaime Sabi­nes le dices: “Te quiero por­que tiene las par­tes de la mujer en el lugar pre­ciso y estás com­pleta. No te falta ni un pétalo, ni un olor, ni una som­bra”. 

Pero justo en el momento del des­censo, cuando la tum­bas sobre la sábana, se te olvida la poe­sía y con tonos arra­ba­le­ros, le dices ese piropo de alba­ñil que tan bue­nos resul­ta­dos te ha dado: “Mama­cita, te estás cayendo de buena”.

Ilustración: Pintura de Alfredo Espinosa "Pareja sirena"