Chihuahua, Chih.
Justamente en el desarrollo de la que es, quizá, una de las peores confrontaciones entre el morenismo y el panismo y, también, en medio de una avasalladora oleada de encuestas y sondeos, se hace necesario reflexionar en alguna de ellas, la que ofrezca los datos necesarios para ubicar con exactitud el momento político-electoral por el que atravesamos.
El encono morenista creció por la colocación de unas carteleras en Juárez y Chihuahua y un video en los que el PAN equipara a Morena con la muerte, acción motivada —en los dichos— porque Morena interpuso sendas controversias constitucionales ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), para combatir la reforma electoral contra la intervención del narco en las elecciones.
Para combatirlas, Daniela Álvarez, presidenta del PAN, dio a conocer la campaña «muerte y morena es lo mismo» que a través de carteleras espectaculares lanzó en Chihuahua y en Juárez.
La argumentación abierta fue que «Morena se fue a la Corte por el narcopacto de Morena que existe en todo el país».
La reforma electoral señalaba la pérdida automática de la candidatura o del registro del partido político (así como de candidaturas independientes) a quienes se les comprobaran vínculos o financiamiento proveniente del crimen organizado.
Lo más seguro es que esa campaña fue motivada por la confirmación presidencial de la existencia de una causa en contra de la gobernadora Maru Campos.
Y si el morenismo amaga con el inicio de una causa penal contra la gobernadora ¿Qué se podía esperar como respuesta?
«Tácticas desesperadas», llamó Cruz a esa publicidad, porque se sienten «perdidos» en la contienda, dijo.

Pues quien sabe si están desesperados, lo que si es cierto es que, como también sostuvo, es de un «nivel bajísimo».
Pero, a la otra parte también le asiste la razón al quejarse, como lo hizo la mandataria estatal, de sentirse amenazada con los ‘escritos’ enviados por la FGR, cosa, en la que coincidió la dirigencia morenista quien dijo «traicionó (Maru) a la patria al permitir que agentes estadounidenses operaran en el territorio nacional».
Ejemplo de tal nivel de confrontación lo exhibió el diputado Cuauhtémoc Estrada al catalogar de «lacayos» (RAE: Servil, rastrero) a quienes acompañan a la gobernadora Campos.
Tal confrontación tiene un aspecto por demás negativo.
Siendo ciertas parte de las aseveraciones del morenismo, especialmente en lo referente a la inseguridad ¿Cómo podrá ser que encuentren la afinidad necesaria, la urgente coordinación para asumir, juntos —Morena y PAN—, el reto de enfrentar al crimen organizado que campea por su fuero en la entidad?
¿No serán capaces, los morenistas, con cargos de responsabilidad pública, entender que son ellos los de la mayor responsabilidad y que los problemas de ese tipo van más allá de las siglas partidarias que han ocupado la gubernatura de Chihuahua?

¿No habrá modo que observen que han transitado gobernantes del PRI y del PAN por el gobierno estatal y mandatarios federales de PRI, PAN y Morena y los niveles de criminalidad en Chihuahua no cambian?
Tan proclives a criticar todo lo del pasado y a repartir culpas ¿Porque no incluyen en ellas a la administración del senador morenista Javier Corral, el que durante su gobierno también transitó con cifras y porcentajes semejantes a los que hoy se critican?
Y que no van a cambiar si no hay un cambio radical en el modo en el que se afronte ese problema desde el gobierno federal, incluso si el morenaje ganara la gubernatura.
Y es que no hay certeza en quien podrá ganar el próximo año.
A esa conclusión se puede llegar con la lectura de la última encuesta de Mitofsky-El Economista, publicada el 27 de julio.

Es una de las más confiables efectuadas recientemente sobre las preferencias electorales en Chihuahua.
Realizada entrevistando a mil 200 personas —cara a cara— en domicilio, revela aspectos que leyéndolos con detenimiento es una de las que más se acercan a lo que está constituyéndose en una de los asertos más extendidos en la clase política local: La elección se observa elevadamente competida y cerrada.
Más allá de todos los estudios efectuados y publicados en el curso del año, usados mayoritariamente como una herramienta de propaganda de los aspirantes, lo cierto es que conforme pasan los días algo de lo que se observa en la calle, en los mentideros políticos y en las frases y posturas de los actores políticos, han dado pie a que se adviertan varios hechos que han influido en las preferencias electorales.
Primero, el desgaste del gobierno de Claudia Sheinbaum, a causa de varios factores, el principal de ellos, la defensa de Rocha Moya y secuaces;
Segundo, el desgaste del gobierno de Maru Campos, detenido a causa del mismo factor, la defensa de los morenistas y la amenaza de que sería detenida;
Tercero, las tácticas propagandísticas de Maru y del panismo, en las que el principal objetivo fue el de que se identificara a Morena con la defensa de los narcotraficantes.
En febrero de este año, la encuesta de Mitofsky le otorgaba a Morena el 38 de las preferencias, por el 21 al PAN. Además, entre los aspirantes de Morena, Cruz Pérez Cuéllar obtenía el 20 por el 18 de Andrea Chávez.

Cinco meses después, en julio, la brecha se agrandó, al pasar las preferencias por Morena al 36, por el 19 por el PAN. La ventaja morenista pasó de 10.7 a 16.8 puntos de una encuesta a otra.
A su vez, la competencia entre Andrea y Cruz se cerró en la encuesta de julio. Disminuyó a 2.1 puntos al pasar, Andrea, de 17.7 a 26.2, en tanto que Cruz pasó de 20.3 a 28.3.

Para ubicar las cifras. Con una participación del 50%, querría decir que de un universo total de electores de 2 millones 300 mil, quienes acudirían a votar serían 1 millón 150 mil, razón por la cual cada punto representa a 11 mil 500 votos.
Ubicadas así las cifras podríamos decir que la ventaja de los morenistas —en la encuesta— es de 193 mil votos.
Pero hay otros datos, en la última de las encuestas:
Si se sumaran, aunque en la realidad no es así, las preferencias por el PT y el PVEM, el bloque de la 4T obtiene el 38.5 de las preferencias (Se presentan variaciones al momento de efectuar encuestas en las que se les pregunta a las personas si votarían por tal o cual alianza).
A su vez, si se suman las preferencias de PRI y PAN, obtienen 26.4, la diferencia se cierra a 12.1 puntos, equivalentes a 143 mil 750 hipotéticos votos.
Hay más.

La encuesta de Mitofsky (de julio) muestra el resultado de preguntarle a las personas por quién nunca votaría.
Cruz obtiene el puntaje más alto, 44.9, pero Andrea no está lejana, le dieron el 44.4. Son cifras muy altas, quienes eso afirmaron son potenciales votantes por los de enfrente.
Por si fuera poco, 13.7 de los encuestados afirmó que no votaría por ninguno de los mencionados y 15.7 aún no decide por quien votar.
¡29 de cada 100 encuestados aún no decide por quien votar! Eso confirma que el proceso rumbo a 2027 aún no está resuelto, algo en lo que insiste en asentar Pérez Cuéllar y que contradice lo que muchos seguidores de la 4T afirman en las redes sociales, quienes aseguran que ya tienen el triunfo en la bolsa.
Falta mucho para las elecciones.
Por lo pronto, pareciera que los del blanquiazul lograron empatar la ventaja obtenida por el morenaje, cuando éste se adelantó al iniciar el proceso de designación de su coordinador-precandidato.
Parecía que arrollarían a los panistas.
Estos se han pertrechado bien en la capital, lugar esencial para sus objetivos, en el que no se pueden dar el lujo de perder votos.
Aparentemente lo lograron al dejar que ‘corrieran’ libremente los aspirantes a la candidatura a la alcaldía y que empezaran convocar a sus seguidores, lo que se ha traducido en una notable reactivación del panismo capitalino.
Sin embargo, a nivel estatal se podría asentar que ahí sí, sobre todo Pérez Cuéllar, ha obtenido ventajas considerables pues su activismo no sólo ha superado al desarrollado por Andrea Chávez, sino, incluso, al del panista Marco Bonilla, más concentrado en la capital.
Falta mucho —y relativamente poco, como se desee ver— pero quedará en el aire si también el año próximo el electorado chihuahuense se comportará como en el pasado, prácticamente desde el año 2000, que en la siguiente elección a gobernador le entregaba el triunfo a partido distinto al ganador de la presidencial precedente.
En ese año, el PAN ganaba todo en el país, pero en el 2004, en Chihuahua, el PRI ganaba con Reyes Baeza. En 2006, nuevamente el panismo arrasaba, pero en el 2010 el electorado chihuahuense repetía la dosis y le entregaba el gobierno al PRI con César Duarte.
Vuelta a lo mismo en el 2012. El PRI ganaba en el país con Peña Nieto, pero en 2016, aquí, ganaba el panismo con Javier Corral.
En el 2018 el electorado cambió radicalmente y AMLO ganaba en Chihuahua, solo para que en el 2021 emergiera triunfador, nuevamente, el PAN, ahora con Maru Campos. (Con la aportación y enfoque de tiempo.mx).
¿Sucederá igual en 2027 o se cambiará ese paradigma?
Quien sabe.
¡No hay cosa más democrática que la más plena incertidumbre electoral!¡Valiente concepción la de la presidenta acerca de la publicidad gubernamental!
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